Existen algunas medidas no farmacológicas que pueden ayudar al enfermo de Alzheimer a retrasar lo inevitable. Muchas de estas medidas han demostrado contribuir a mejorar la situación vital, frenar el deterioro progresivo, y ayudan a superar las dificultades con las que diariamente se enfrenta

Es necesario tomar consciencia de las capacidades (recursos preservados) a fin de potenciarlos. Es importante ayudarle a comunicarse y a expresar sus emociones. De lo contrario aparecen de forma desproporcionada o descontextuadas producto de la negación constante que tanto el entorno como él mismo están haciendo de la realidad. Aunque se hable de un proceso de despersonalización, detrás de cada enfermo se mantiene la persona, con los roles del allá y entonces y su cambio en el aquí y ahora. Si la enfermedad se detecta precozmente la persona puede tener consciencia sobre el cambio de vida que supone afrontar la enfermedad y elegir como quiere vivir la nueva situación. Algunas personas, por la naturaleza progresiva de la enfermedad, se dan cuenta y toman consciencia de la degradación de su estado y de la destrucción mental que padecen. Algunos se entristecen y se ensimisman, otros se angustian, se agitan y se ponen agresivos. Cuando una persona sufre la enfermedad de Alzheimer, las cosas para ella no tienen el mismo sentido que antes. Genera siempre un sentimiento de aislamiento, de fracaso, de pérdida de la orientación y de confusión. El cuidador necesita conocer el mundo interior de su familiar para cuidarlo bien. Según avanza la enfermedad avanza el grado de dependencia. Las ayudas deben ir dirigidas a que el enfermo esté lo más cómodo posible. Habrá que aprender a comunicarse con él, entendiendo sus gestos, el contacto a este nivel se vuelve más sutil, sobretodo no verbal y eso para muchos es nuevo. Se puede intentar adaptar la casa a la nueva situación o plantearse el llevarle a un centro asistido. A estas alturas, los familiares suelen tener mucha presión y a veces se utiliza el ‘sistema de rotación familiar’ para descarga de los cuidadores. Sin embargo este método tiene sus desventajas pues aumenta la desorientación. Para compensar su dificultad de compresión tenemos que usar un lenguaje más simple y concreto, con palabras sencillas, y frases cortas. Se deben elegir temas de su interés, en los que pueda participar. Es importante mantener el contacto visual y darle el tiempo que necesite para pensar las respuestas. Los gestos y las expresiones corporales pueden ayudar. Aunque el paciente no tenga el leguaje verbal es importante mantener el contacto con él: son importantes las muestras de afecto, las caricias, las sonrisas, el trato cariñoso, el estímulo para que se mueva y escuche música. En la fase inicial o leve de la enfermedad es muy importante mantenerse activo. Se debe fomentar las aficiones habituales, la actividad física, excursiones, viajes, labores, costura. Hay que insistir en la lectura de acuerdo con sus capacidades y preferencias. Ejercitar la escritura o que realice pasatiempos que estimulen la atención y concentración. Dar responsabilidades también sirve de ayuda: que se encarguen de la compra, de recoger una habitación de la casa .etc.

Las modalidades más utilizadas actualmente para promover estímulos a la persona enferma son, entre otras: Reminiscencia, Orientación a la realidad, Validación, Estimulación multisensorial, Musicoterapia, Risoterapia, Técnicas Gestálticas de afrontamiento de la enfermedad, Fisioterapia, Intervención cognitiva a través del deporte, Arteterapia y Terapia asistida con animales.

Para enseñar la correcta aplicación de estas terapias, para el mejor manejo de la persona enferma y para disminuir la carga del cuidador (aspectos fundamentales para el tratamiento) son de gran importancia las Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer y los Centros Especializados (Centros de día, Centros de respiro, etc.). También hay que tener en cuenta que en los Centros Alzheimer se pueden prestar unos tratamientos que serían difíciles en el domicilio del enfermo.