“Pide una mano que estreche la suya, un corazón que le cuide y una mente que piense por él cuando él no pueda hacerlo; alguien que le proteja en su viaje a través de los peligrosos recodos y curvas del laberinto”.

(Vivir en el Laberinto. Diana Friel, 1994.)

La persona afectada por la enfermedad de alzhéimer manifiesta una profunda necesidad de amor, comprensión y apoyo en cada fase de la enfermedad, sobre todo la comprensión del entorno de su lucha incesante por aparentar normalidad. Algunas personas desean liberarse de su carga, confesar sus más íntimos temores y ansiedades y recibir un cariñoso apoyo. Necesitan alguien que les asegure que, fuese lo que fuese lo que el futuro les depare, permanecerán a su lado, lucharán con él o, si fuese necesario, por él. Quieren que alguien les asegure que no se verán abandonados para consumirse en soledad; que le darán ánimos, amor, apoyo moral y, en caso necesario, les cuidarán; que se respetará su dignidad, pues es la base de supervivencia de su personalidad.

“Sobre todo me siento insegura, confusa, asustada y como si estuviese bailando lo más deprisa que puedo. Pero aun tengo a mis seres queridos. Aún tengo un hogar. Y aunque hay muchos días en que soy dolorosamente consciente de que existe un poco menos de mí que el día anterior, por ahora puedo decir que aún estoy aquí” (Diario de una persona con Alzheimer)

La persona siente grandes temores. El temor al fracaso, al darse cuenta de que las actividades – aún las más simples – le salen mal y cada día le son más difíciles de realizar. Para ella hacer las cosas es más difícil que no hacerlas por miedo a fracasar; más vale dejar que otra persona las haga. También pierde confianza en sí misma cuando se da cuenta de que hace mal las cosas, se ve inútil y su propia imagen se degrada. Al mismo tiempo, su aislamiento aumenta cuando, poco a poco, no reconoce a los otros miembros de la familia; los que viven con ella le parecen como extraños. Finalmente, vive la desorientación y la confusión cuando no reconoce los sitios donde vive y cuando las cosas pierden sentido porque los hechos no tienen una vinculación lógica.

Sin embargo, a pesar de todas sus pérdidas, algunas personas enfermas puede mantener importantes recursos. Pueden seguir disfrutando de su familia, amigos y anteriores intereses a pesar de las limitaciones de la enfermedad; pueden conservar una parte de su capacidad para aprender cosas nuevas, aunque el proceso de aprendizaje sea más largo; pueden ser capaces de desarrollar y disfrutar de las relaciones sociales y de las amistades; se dan cuenta cuando se sienten felices y a gusto.