La enfermedad pasa por diferentes etapas, caracterizadas por un progresivo empeoramiento en la sintomatología. Se podría dividir en tres periodos:

LEVE: La sintomatología es leve, la persona puede valerse para las actividades básicas aunque precise apoyo, puesto que ocasionalmente se le olvidan algunas cosas, puede perderse, etc. La pérdida de memoria puede pasar inadvertida o atribuirse a olvidos benignos, aunque con el tiempo pueden interferir en las actividades diarias como controlar la propia economía, seguir las instrucciones del trabajo, conducir o ir a la compra. Algunas personas enfermas son conscientes de las dificultades que tienen lo que les genera frustración y ansiedad. Un cambio en el entorno habitual puede ser desastroso en estas fases, los síntomas que han podido pasar inadvertidos se hacen muy evidentes cuando la persona cambia de residencia o de rutina, acentuándose todos los síntomas.

En este periodo debe hacerse el diagnóstico y se debe valorar el inicio del tratamiento, que podría enlentecer la evolución de la enfermedad.

En esta fase también se debe ir preparando a los familiares y a la persona afectada de lo que está por venir, para que se puedan ir tomando decisiones sobre el futuro. Algunas pueden ser tan importantes como el testamento vital del paciente o la acomodación de la casa de cara al futuro.

Es importante averiguar lo que sabe la persona y lo que quiere saber sobre su enfermedad. Es tan injusto dar ‘malas noticias’ como privar a un individuo de la posibilidad de tomar decisiones cuando todavía es capaz de hacerlo.

MODERADO: Los síntomas son de gravedad moderada. La persona empieza a ser más dependiente, necesitando ayuda para el autocuidado (vestirse, lavarse, peinarse, comer…). Las alteraciones cognitivas son muy obvias y ya no existen dudas sobre su diagnóstico. Es incapaz de trabajar, se pierde y se muestra confuso con facilidad, necesitando una supervisión diaria. En esta etapa las formas sociales y el comportamiento de rutina, las conversaciones superficiales pueden conservarse de forma sorprendente y sólo cuando se le interroga de forma dirigida somos conscientes de sus dificultades.

El lenguaje suele alterarse, sobre todo la capacidad de comprender lo que les decimos y la de dar nombre a los objetos. Con frecuencia tienen problemas para relacionar palabras, algo que se pone de manifiesto con algunos de los test diseñados para detectar la demencia. Por ejemplo, son incapaces de dar una respuesta coherente a preguntas del tipo ‘¿en que se parecen una pera y una naranja?’ o cuando se les manda repetir series de palabras (diga: coche, lapicero, edificio). Aparece incapacidad para realizar actos motores secuenciales como vestirse, comer, hacer rompecabezas o copiar figuras geométricas, como también dificultad para hacer cálculos sencillos o leer la hora.

En esta fase son frecuentes las alucinaciones (ver objetos que no están en la habitación: animales, personas conocidas, etc.) y los delirios (en ocasiones acusan falsamente a su pareja de infidelidad, piensan que la visita es un ladrón, o se asustan de su propia imagen en el espejo).

GRAVE: etapa final, la persona es dependiente para todas las tareas básicas de la vida, necesita que le den de comer, que le limpien, que le muevan. En esta etapa pierden el contacto con el medio exterior y no pueden comunicarse ni responder a los estímulos externos. Pueden tardar en perder la capacidad de caminar, pero cuando lo hacen es de forma errante y sin sentido. A veces tienen comportamientos desinhibidos, agresivos o pasivos. La alteración del patrón vigilia-sueño se da en muchas personas enfermas de forma que no duermen por la noche, tienen periodos de agitación durante estas horas y pueden pasar durmiendo todo el día. La rigidez muscular que va apareciendo los conduce a la lentitud y torpeza de movimientos.

Al final muchas personas enfermas están rígidas, mudas, no controlan los esfínteres y permanecen postrados en cama. A veces presentan contracciones musculares bruscas y breves, como pequeñas sacudidas de algunos grupos musculares o de todo el cuerpo, espontáneas o como respuesta a estímulos externos. Se aumentan los riesgos de complicaciones por infecciones, deshidratación, heridas por la inmovilización, desnutrición etc. De hecho la causa final de la muerte suele estar relacionada con alguna de estas complicaciones.

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