La atención integral debe comprender también la atención al cuidador de la persona enferma. Cuanta menos “carga” soporta éste último o cuanto más se pueda sobreponer a ella, la situación del enfermo será mejor tanto en su calidad de vida como en su capacidad para responder a estímulos positivos o a tratamiento.

El tratamiento al cuidador incluye, entre otros, apoyo psicoterapéutico tanto individual como grupal y cursos de formación.

En el espacio individual el cuidador principal se enfrenta a sus temores y ansiedades. Pone luz a la culpa que muchas veces le provocan sus sentimientos menos agradables. En este espacio necesita hacerse cargo de ellos y asumir la responsabilidad de sus elecciones. Es importante que el cuidador y la familia también sean conscientes de esta libertad cuando, por ejemplo, elige una ayuda institucional. Lo importante aquí es que conozca su enfado, su frustración, su cansancio, su miedo, de lo contrario no podrá atender adecuadamente. Los cuidadores ven aparecer actitudes y rasgos de ellos que no conocían, esto también debe ser integrado. Es muy difícil que la persona, por estar enferma, nos deje de provocar emociones del allá y entonces. Es doloroso ver la enfermedad e imaginar lo que va a pasar en el futuro. El cuidador se hace cargo de lo que hay y de cómo quiere hacerlo, no como quieren y esperan los demás.

En el espacio grupal, el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) es un lugar donde se sienten acogidos y donde aprenden e intercambian estrategias para afrontar la situación, satisfaciendo la gran necesidad de contacto y apoyo externo. La persona enferma pierde la capacidad de cuidar de sí misma y necesita mucho de los demás, es más puede depender absolutamente de ellos. Propiciar un contacto sano en el que el cuidador no sienta que alguien está colgado de él y que su vida ha terminado facilita el que pueda cuidarle por mucho tempo. Paulatinamente, el enfermo no puede hacerse cargo de sí mismo y empieza a ser una verdadera carga para otras personas. El cuidador aprende a poner límites y a prevenir la sobrecarga. Es un verdadero recurso que el cuidador siga viviendo su vida de forma creativa y gozosa. A veces aparece la culpa, “no me lo merezco con lo que el sufre”, pero si no lo hace no podrá cuidar en buenas condiciones. Es posible “dejar ser” al grupo permitiendo que el apoyo mutuo surja naturalmente. La presencia del terapeuta también facilita ampliar la toma de consciencia de lo que está ocurriendo y que el grupo se transforme en un recurso para el cuidador donde experimenta el contacto y la comprensión de personas en su misma situación.

Finalmente, es muy importante que el cuidador y la familia de la persona enferma conozcan la enfermedad, su evolución y síntomas. Esto facilita estar mejor preparado ante situaciones conflictivas y, dentro de lo posible, adelantarse a algunas situaciones que inevitablemente ocurrirán. Es por este motivo que contemplamos como fundamental la asistencia a un curso de formación básico sobre la enfermedad que incluye también conocer estrategias para comunicarse con ellos a fin de prevenir conductas agresivas producto de su frustración. Informar y formar a los cuidadores sirve tanto para prevenir complicaciones como para llevar a cabo los tratamientos de la mejor manera posible para que sean eficaces.