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  • 30 de noviembre de 2022
  • Marta
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La paciencia

Voy a intentar hablaros de la paciencia desde mi lugar:  En mi larga vida nunca fue algo que me haya preocupado especialmente, ni en el entorno familiar,  ni en el ámbito de las relaciones profesionales y sociales. Desde la perspectiva de hoy,  diría que la paciencia venía determinada por tu temperamento, el nivel de madurez que los años y la experiencia te aportaban, para soportar la situaciones a los que se enfrenta uno en la vida: aguantar personas que no te cae bien, tener que padecer charlas o discursos alejados de tus intereses,  resistir a miembros de la familia con los que no coincides, y otros temas comunes de esta índole. Diría que hasta ahí la paciencia no ha sido algo del que preocuparme …  ¡HASTA HOY!,

¿Quién dijo que la paciencia no tiene límites?.  Yo, después de largos, felices y tranquilos años de  convivencia con mi pareja, al  tener que enfrentarnos con una dolorosa demencia,  ha roto todos mis esquemas,  la paciencia ha pasado a ser mi telón de Aquiles, descubro que sí, que la paciencia tiene sus límites;  mi madurez acumulada, mi equilibrio emocional de antes, mi obligada e imprescindible preparación y formación de cuidador para afrontar la diaria y adecuada convivencia con la persona más querida, se resquebraja con cierta facilidad y solo con ella. No vale la justificación de la sobrecarga del “cuidador quemado”, del mal dormir, del aislamiento social que percibes, cada vez que mi paciencia se rompe y el comportamiento no es el que tengo que adoptar, inmediatamente me siento culpable y me reprocho haber actuado en contra de todos los principios que he venido aprendido y que por más que me esfuerce, inevitablemente surgen en situaciones especiales. El sentido de culpabilidad y el auto reproche es inmediato, doloroso, largo y profundo.

¿Qué diferencia hay entre la paciencia de siempre y  la indomable impaciencia que irrumpe ahora?, ¿cómo evitarlo?, ¿dónde o cómo adquirir  dosis de paciencia?, Me duele la reincidencia a pesar de las promesas que me hago a mi mismo. El complejo de culpabilidad e inmediato arrepentimiento me  lleva automáticamente a la demostración de cariño, y curiosamente observo que la reacción del ser querido reacciona positivamente, como si el episodio ya pasado no hubiera existido, como hechos que se pierden y que junto como el resto de su vida pasada, duermen en el rincón de su memoria perdida.

Es el cariño el que nos da la fuerza para afrontar el día a día, “el cariño verdadero ni se compra ni se vende” que cantaba Manolo Escobar.

El amor y el cariño nos da la fortaleza para ir mejorando cada día, aunque la paciencia, en ocasiones, nos siga gastando malas pasadas.

Agustín López Bedoya

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2 Comments
  1. Juan José Barañano 3 de diciembre de 2022

    Un precioso y acertado artículo que pone de relieve una de las muchas facetas, quizás la más importante, que debe desarrollar el cuidador de un enfermo de Alzheimer.

  2. Maria Lopez Vernetta 13 de marzo de 2023

    A veces tenemos un profundo desconocimiento de las personas, nos dan una impresión por sus comportamientos, su aparente forma de ser, por lo que en algún momento han dicho o hecho … hasta que un día descubres que no tenías ni idea de lo que era capaz de hacer por amor y responsabilidad esa persona a pesar del dolor, la soledad y el sufrimiento y de repente sientes una inmensa admiración y felicidad, porque vas a llevarte parte de la mejor herencia que pueden darte y es el ejemplo, los padres… la familia… y en este caso mi tío con su fuerza, su cariño, su capacidad para recomponerse ante las adversidades, ante el dolor, la soledad … para siempre estar ahí, Justo ahí con mi tía que tanto lo necesita. Eso es el amor.

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