Decálogo sobre la humanización de los cuidados
1. Trata a las personas con empatía, compasión, amabilidad y respeto.
Reconoce su dignidad como un derecho básico e inherente a las personas que no desaparece con el diagnóstico ni con el progreso de la enfermedad. Mantén una relación de igualdad como personas, en los cuidados todos damos y recibimos.
2. Cuida del vínculo y promueve la escucha activa.
Atiende a las necesidades, deseos y preocupaciones de las personas, demuestra interés genuino por lo que tienen que decir. Fomenta una relación basada en la confianza y seguridad que sea nutritiva para ambos y les proteja del riesgo de situaciones de malos tratos.
3. Utiliza una comunicación clara, comprensible y no violenta.
Adapta tu lenguaje y tono a sus necesidades y capacidades, utiliza métodos alternativos de comunicación si es necesario. Responde a sus preocupaciones y preguntas con respeto validando su necesidad de información.
4. Reconoce y valora la individualidad y experiencia de cada persona.
Adapta los cuidados y la atención a sus valores, preferencias, hábitos y características únicas, evitando estereotipos y prejuicios. Respeta y valida su proyecto vital considerando siempre lo que habría decidido si no conviviera con la enfermedad.
5. Empodera fomentando la autonomía y participación.
Valora lo preservado respetando su capacidad para contribuir y ser parte activa en su propia atención y en la toma de decisiones. Evitan su exclusión en el ambiente familiar y en la sociedad promoviendo la desaparición del estigma asociado a la enfermedad.
6. Prioriza el bienestar y la calidad de vida de las personas.
Procura no solo cubrir sus necesidades básicas, sino también brindarles oportunidades para disfrutar, socializar y mantener una vida plena y significativa evitando la sobreprotección. Crea un entorno que sea cómodo, seguro y estimulante, su bienestar dependerá del ambiente que le rodea.
7. Cuida de ti mismo/a.
La calidad de los cuidados se verá afectada por tu propio bienestar. Ábrete a buscar y recibir el apoyo necesario, valida y presta atención a tus propias necesidades y experiencias. Atiéndete a todos los niveles: físico, mental, emocional y espiritual. Acepta tus límites y huye de la culpa, el cuidador perfecto no existe.
8. Mantente actualizado en cuanto a conocimientos y habilidades relacionadas con el cuidado de personas.
Busca oportunidades de formación continua para mejorar tus capacidades y habilidades, ofrecer una atención de calidad y sentir más confianza y seguridad. Un cuidador formado, es un cuidador preparado.
9. Planifica los cuidados y la toma de decisiones.
Identifica las necesidades de las personas para elaborar un plan de atención personalizado que ayude a estar preparados. Conocer los pasos a dar y los recursos que necesitaras te ayudara a coordinar y gestionar mejor las situaciones disminuyendo la incertidumbre.
10. Conoce tu red de apoyo y trabaja en equipo.
Asume la responsabilidad del nuevo rol considerando sus desafíos en lo personal y familiar. Establece una red de apoyo que incluya a las personas más cercanas, familia, amigos y vecinos, así como el equipo médico y los recursos socio sanitarios de tu comunidad. Comparte información y promueve el apoyo mutuo, en los cuidados nadie puede solo.

