La prevención primaria es fundamental hoy en día para intentar evitar esta enfermedad en personas sanas. Se trata de frenar el progreso de la neurodegeneración para evitar la demencia o, por lo menos, retrasar al máximo su inicio.

Algunos de los factores a los que hay que prestar atención para incluir mejoras en nuestra rutina diaria son:

  • Factores de riesgo vascular

La hipertensión, resistencia a la insulina, obesidad, el tabaquismo, la diabetes mellitus o el alcohol son, entre otros, factores de riesgo vascular reconocidos como factores de riesgo no sólo para la demencia vascular, sino también para la enfermedad de Alzheimer. La revista Eselvier analiza uno a uno éstos y otros factores que podrían incidir en el padecimiento de esta patología.

  • Alimentación

Muchas publicaciones se centran en la dieta mediterránea como modelo nutricional clave a la hora de eliminar varios factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer. Frutas, verduras, pescados, legumbres y aceite de oliva son alimentos que no pueden faltar para una dieta saludable. Los alimentos como la carne roja, el embutido o la mantequilla no son recomendables en exceso, pues están directamente relacionados con el aumento de colesterol. Como comentábamos en el punto anterior, la enfermedad cardíaca y la diabetes están estrechamente vinculadas al Alzheimer, por lo que una dieta saludable para el corazón así como mantener niveles saludables de azúcar en la sangre, nos ayudará a prevenir la enfermedad a largo plazo.

  • Actividad física y social

El ejercicio físico reduce el riesgo de padecer demencias. El sedentarismo es el principal factor de riesgo por lo que es importante mantenerse activo. Además, no sólo ayuda a prevenir la enfermedad de Alzheimer, sino que puede ayudar a retrasar su progreso. Dedicar 30 minutos de actividad diarios a un ejercicio vascular (caminar, nadar, bailar…) y realizar actividades que ayuden a aumentar el equilibro y la coordinación (yoga, ejercicios de brazos, piernas…) ayuda a nuestro cerebro a desarrollar nuevas conexiones neurales.

Además, ser socialmente activo es fundamental para el mantenimiento de la función cerebral. Con la edad uno tiende a aislarse socialmente y esto perjudica a la memomia y a los procesos cognitivos. Trata de construir una vida social más activa, pues estar con otras personas y relacionarnos con ellas disminuye el deterioro cognitivo.

  • Evitar el estrés y la ansiedad

Existe una clara relación entre el estrés y el avance del deterioro cognitivo. Vivimos en un momento donde la falta de tiempo y la intensidad laboral y familiar están a la orden del día. Debemos cuidarnos y huir de la ansiedad prolongada y el estrés crónico. Ejercicios de respiración, meditación o un cambio en el estilo de vida pueden ayudarnos a escapar de ellas.

  • Estimulación cognitiva

Ejercitar nuestro cerebro contribuye a un menor riesgo de padecer esta patología. Leer, hacer sudokus, crucigramas, aprender idiomas o realizar juegos intelectuales son ejemplos de actividades que puedes realizar para favorecer la creación de neuronas o, por lo menos, evitar su desgaste. Todo aquello que contribuya a que nuestra mente se esfuerce es positivo para la prevención. Tenemos que concienciarnos de que no sólo hay que mantener un cuerpo sano, sino también nuestra mente, pues la estimulación cognitiva optimiza la eficacia del funcionamiento de las distintas capacidades y funciones cognitivas.

Hemos de tomar conciencia en la promoción de cambio de hábitos y conductas sociales, pues tenemos al alcance de nuestras manos multitud de herramientas para reducir los riesgos de padecer Alzheimer y muchas otras enfermedades.

 

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