Olvidar una dirección o número de teléfono, acudir a una habitación y no recordar a qué se iba, dejar pasar sin querer una cita médica o fecha importante son, entre otros, olvidos frecuentes que podemos tener a cualquier edad y que no equivalen a padecer una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer.

Ojalá contásemos con una mente prodigiosa, pero lo cierto es que tener una memoria impecable es algo bastante fuera de nuestro alcance, independientemente de la edad que tenga cada uno. Todos en alguna medida hemos pasado por episodios similares y en muchas ocasiones nos preguntamos si será algo normal o si padecemos algún tipo de problema con el funcionamiento de nuestra memoria.

No recordamos si hemos dejado apagada la luz de la cocina, dónde hemos dejado las llaves o incluso tenemos en la punta de la lengua algo que queremos decir y que no nos sale. ¿Son despistes o pérdida de memoria? Según los estudios del Centro de Prevención del Deterioro Cognitivo estas situaciones suponen más del 80% de los olvidos frecuentes. Es más habitual de lo que nos creemos, por lo que en un principio no debería preocuparte en exceso si te sucede de forma puntual.

A pesar de todo esto, no hay que infravalorar las señales que detectamos. El Alzheimer es algo más que la pérdida de la memoria y, aunque su diagnóstico no es fácil, es importante detectarlo para preparar a la familia y al paciente de lo que supone la enfermedad, comenzar a recibir estimulación cognitiva, terapia ocupacional, tratamiento farmacológico…

El Alzheimer supone un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y se extiende a otras áreas como la conducta o la autonomía personal. Suele ser de evolución lenta, que comienza con leves problemas de memoria y termina con un daño grave cerebral. Es una enfermedad que varía mucho de un paciente a otro, por lo que el tratamiento individualizado ha de ir adecuado a su nivel de dependencia.

Si tienes dudas sobre lo que te está pasando o piensas que algún familiar o ser cercano puede estar comenzando a padecer la enfermedad, lo mejor es que acudas a un profesional sanitario. Él descartará la existencia de causas que puedan estar provocando esos problemas cognitivos, pues los síntomas que observamos pueden también ser debidos a múltiples factores ajenos al Alzheimer y que pueden ser incluso reversibles: estrés, ansiedad, falta de atención, haber vivido recientemente un acontecimiento traumático… El médico de cabecera podrá derivarte a un neurólogo si lo estima conveniente y te ayudará a encontrar la solución más adecuada a tu diagnóstico y a establecer el tratamiento adecuado a llevar a cabo.

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